El pasado Miércoles día 4, el colegio ha vivido uno de esos momentos que dejan huella. Los alumnos de 1º de ESO, junto a su profesora de Música, han bajado a las clases de Infantil para compartir con los niños y niñas de 5 años una actividad muy especial dentro del proyecto de narrativa “Clanes”.
Con ilusión —y también con algún que otro nervio— los mayores se han convertido en maestros por un rato. Les han enseñado cómo, en muchas regiones de España, las panaderas trabajaban el pan en grupo mientras marcaban ritmos con las palmas, los utensilios y los golpes sobre las mesas. Entre risas y mucha curiosidad, los pequeños han intentado seguir los compases, descubriendo que la música puede nacer de algo tan sencillo como una mesa y unas manos con ganas de jugar.
El aula se ha llenado de ritmo, de miradas cómplices y de esa mezcla tan bonita que surge cuando distintas edades comparten aprendizaje. Los mayores han demostrado responsabilidad, paciencia y cariño; los pequeños, entusiasmo y admiración.
Y si la música puso el ritmo, el olor a pan recién hecho puso el corazón. Los alumnos de Infantil recibieron a sus compañeros con pan elaborado por ellos mismos en clase, como parte de la motivación para el nuevo proyecto que están a punto de comenzar: “Greeny”, dedicado a los hábitos saludables y a la importancia de una buena alimentación.
Más allá de la actividad, la mañana ha sido un ejemplo precioso de lo que significa una verdadera educación vertical: aprender juntos, crecer juntos y sentirse parte de algo común. Cuando los mayores enseñan y los pequeños se sienten acompañados, el aprendizaje va mucho más allá de los contenidos. Se construyen vínculos, confianza y comunidad.
El miércoles el colegio no solo ha olido a pan recién hecho; también ha sabido a compañerismo, tradición y futuro compartido.







