El pasado miércoles 25 de marzo, los alumnos de 2ºESO disfrutaron de una jornada en la que combinaron patrimonio cultural y ciencia. Visitaron la Ferrería y el Molino de Cades, así como la espectacular Cueva del Soplao, dos enclaves emblemáticos del occidente cántabro.
La visita comenzó en el conjunto histórico de Cades, donde los alumnos pudieron conocer de primera mano el funcionamiento de una ferrería hidráulica del siglo XVIII. A través de una visita guiada, observaron cómo la fuerza del agua movía los grandes martinetes utilizados para trabajar el hierro, comprendiendo así la importancia que estas instalaciones tuvieron en la economía tradicional de la zona.
A continuación, el grupo se trasladó al molino harinero, situado junto a la ferrería. Allí descubrieron el ingenioso sistema de canales, ruedas y engranajes que permitía transformar el grano en harina aprovechando, una vez más, la energía del agua.
Tras la visita a Cades, la excursión continuó hacia la Cueva del Soplao, considerada una de las cavidades más impresionantes de Europa por la singularidad de sus formaciones geológicas. Durante el recorrido, los alumnos quedaron fascinados por las excéntricas, estalactitas y estalagmitas que caracterizan este entorno subterráneo único. La guía explico el origen de estas estructuras y la importancia de preservar un espacio tan frágil.
Con esta salida, el alumnado tuvo la oportunidad de acercarse a la historia, la tecnología tradicional y la riqueza natural de Cantabria, reforzando saberes trabajados en el aula y disfrutando de una experiencia educativa diferente.


espacios naturales protegidos”, relacionada con la Red Natura 2000. La actividad se llevó a cabo en el propio centro, donde un educador ambiental ofreció una charla acompañada de diversas actividades adaptadas a la edad del alumnado.
“Conecta2”, una obra de teatro que ha sido mucho más que una representación: un auténtico proyecto de crecimiento personal, trabajo en equipo y conexión con sus familias. Todo comenzó en el mes de octubre, cuando los tutores iniciaron la redacción del texto que daría forma a esta aventura teatral. Poco a poco, la idea fue tomando cuerpo hasta que, en diciembre, los alumnos recibieron sus papeles y comenzaron el reto de memorizarlos en casa. A partir de enero, y durante los meses de febrero y la primera mitad de marzo, las aulas se transformaron en espacios de ensayo, donde semanalmente se trabajaron escenas, emociones, gestos y voces con ilusión y constancia.
Continuaron viendo varios árboles frutales donde aprendieron a reconocer algunos de los frutos que consumen en su dieta como manzanas, peras, ciruelas, naranjas… Sin embargo, uno de los instantes más sorprendentes fue cuando un loro nos dijo “hola” desde su jaula. La mañana terminó con la vuelta al colegio, donde todos volvieron muy contentos por la experiencia vivida.





